Conducir bajo ‘condiciones climáticas adversas’ exige un plus de prevención y prudencia

Hoy empieza el invierno. Como cada año, con él llegarán una serie de fenómenos atmosféricos adversos que, como la lluvia, la nieve, el hielo o la niebla, serán susceptibles de poner en riesgo la seguridad de los conductores.

21 de diciembre de 2017
 

LeasePlan, como proveedor experto de soluciones de movilidad, ofrece una serie de consejos prácticos destinados a hacer de cualquier viaje, en condiciones climáticas adversas, una experiencia más relajada y segura.

Circular con lluvia, nieve, hielo o niebla exige un plus de prudencia y prevención en comparación con la conducción en buenas condiciones meteorológicas. Ante la aparición de cualquiera de los cuatro fenómenos climáticos es fundamental extremar la atención; adecuar la velocidad del vehículo a las cambiantes condiciones de la vía; aumentar la distancia de seguridad; usar el alumbrado correcto –no es lo mismo conducir de día que de noche- e intentar prever el comportamiento de otros conductores. Partiendo de estas premisas básicas, cada fenómeno requiere poner en práctica una serie de medidas concretas dirigidas a preservar al máximo la seguridad al volante.

La seguridad es lo que importa

Conducir bajo la lluvia añade un peligro extra a la conducción, tanto si la lluvia es copiosa –por la disminución de la visibilidad y la cantidad de agua recogida en el asfalto- como si es escasa –la mezcla de agua, polvo y grasa transforma la calzada en una pista de patinaje. Este fenómeno puede reducir la seguridad y multiplicar las contingencias durante la conducción, como las probabilidades de sufrir aquaplaning.

Con el objetivo de reducir riesgos es fundamental llevar el alumbrado encendido siempre –lo que permite ver y ser visto; conducir con suavidad; comprobar que los limpia parabrisas funcionan correctamente; mantener la distancia de seguridad y no frenar bruscamente y nunca al surcar balsas de agua.

Ponerse al volante con hielo en las carreteras es, sin duda, un riesgo a evitar en la medida de lo posible. Sin embargo, si ya estamos en ruta y observamos que el hielo nos puede sorprender en cualquier momento, debemos redoblar la atención y extremar la precaución porque las placas de hielo son difíciles de distinguir en el asfalto.

En general, cuando la temperatura ambiente caiga por debajo de los 3 grados debemos reducir la velocidad –especialmente al pasar por lugares sombríos, con mucha vegetación y humedad, pero también en carreteras secundarias o comarcales, en las que el paso de vehículos es esporádico. Asimismo, debemos duplicar la distancia de seguridad habitual. En caso de atravesar una placa de hielo, es preciso levantar el pie del acelerador lentamente y no frenar, ya que esto provocaría una pérdida de adherencia del neumático al asfalto.

Viajar con niebla exige una planificación de la ruta; estar al corriente de la meteorología, y también haber realizado una revisión preventiva a fondo del vehículo. Ésta debe abarcar desde el estado del alumbrado –luces de niebla- y los faros, hasta los neumáticos y los niveles de líquido limpiaparabrisas y frenos; sin olvidarnos de las escobillas –comprobar que no están desgastadas-, y el resto de elementos de seguridad del vehículo.

Una vez en carretera, lo primero es extremar la atención, reducir la velocidad, mantener la distancia de seguridad, circular por el carril derecho en autovías y autopistas, y prestar mucha atención a posibles vehículos de dos ruedas que circulen a nuestro alrededor en estas vías.

Finalmente, salir a carretera con nieve requiere también una cuota de prevención extra por parte del conductor. Si al comenzar un viaje prevemos que podemos encontrar nieve en nuestro camino, es recomendable llevar mantas, comida y bebida en el equipaje, además de un teléfono cargado y su correspondiente batería. También es preciso revisar el estado general del automóvil antes de poner en marcha el trayecto.

Una vez en ruta, debemos circular con el alumbrado de cruce –evitar las luces largas porque deslumbran-, adecuar la velocidad a las circunstancias de la vía y no exceder nunca los 80 km/hora; aumentar la distancia de seguridad entre vehículos; no frenar y tampoco acelerar bruscamente, y avanzar suavemente con marchas largas.

Siguiendo estas recomendaciones, y con mucha prudencia al volante, conseguiremos llegar a nuestro destino sin experimentar sobresaltos.

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