El combustible de automoción cuenta con un amplio abanico de propuestas. Agua, aire, electricidad o hidrógeno son algunas de las alternativas que harán que nuestro futuro deje de ser ciencia ficción y se convierta en realidad.

El hecho de que el petróleo sea una fuente de energía no renovable y el creciente aumento de la conciencia medioambiental en todo el mundo han hecho que, durante las últimas décadas, se haya afianzado en la sociedad el mensaje de que la gasolina y otros derivados tienen fecha de caducidad.
Sin embargo, y a pesar de las numerosas investigaciones que se están llevando a cabo en este terreno, aún no existe unanimidad a la hora de afirmar qué tipo de combustible disfrutará de la hegemonía en el mundo de la automoción en el futuro. Las propuestas son múltiples y variadas, y los primeros coches impulsados por combustibles alternativos a los tradicionales ya han comenzado a llegar al mercado. Y vienen dispuestos a quedarse.

7 de marzo de 2017

Hidrógeno: mirando al futuro

El ciudadano ya parece haberse habituado a términos como “coches eléctricos o híbridos”, pero pronto, si se cumplen todas las previsiones, tendrá que acostumbrarse a otros, como “vehículos de hidrógeno”.

El hidrógeno es un combustible que presenta grandes ventajas. Es una materia prácticamente inagotable y su combustión no produce el indeseado CO2, sino vapor de agua, lo que permite tener controlado el efecto invernadero. Hasta el momento, los investigadores consideran algunos métodos de producción de hidrógeno económicamente viables, si bien las investigaciones continúan y continuarán hasta dar con la fórmula perfecta.

Diésel frente a gasolina

Hace unos años, el discurso de las Administraciones, en su lucha contra la contaminación ambiental y a favor de la mejora de la movilidad en las ciudades, se centraba en la disyuntiva de si es preferible utilizar diésel o gasolina.

En 2004, el Institut de Ciènces de la Terra Jaume Almera, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, publicaba por encargo de la Fundación Gas Natural el estudio “Calidad del aire urbano, salud y tráfico rodado”, anunciando que los vehículos diésel contaminaban hasta cuatro veces más que sus homólogos de gasolina. Una opinión que discrepaba abiertamente con el informe presentado por TÜV Nord, que establecía que los nuevos motores de gasolina de inyección directa y baja cilindrada, conocidos como downsizing, eran hasta 10 veces más contaminantes que los diésel de inyección directa. En este contexto de debate internacional, países como Reino Unido ofrecía a sus ciudadanos una ayuda económica de 2.500 euros para sustituir sus vehículos diésel por modelos más modernos de gasolina.

En esta época, los turismo diésel superaban en ventas a los gasolina, pero la entrada en vigor de la normativa antiemisiones Euro5 provocó que el reinado del diésel se viera afectado, apoyándose posteriormente en iniciativas como la que tuvo lugar en 2012 en España, donde el Gobierno -ante diferentes estudios que relacionaban muertes prematuras con la mala calidad del aire-, anunciaba una subida fiscal que afectaría a los vehículos con motores diésel, con el objetivo de incentivar el uso y la compra de coches menos contaminantes.

Por otra parte, la crisis también ha provocado que se redujeran las ventajas de los coches diésel, puesto que los gasolina son más baratos. Aun así, en el año 2015 se vendieron un 63% de diésel frente a un 35% de gasolina. Y, el pasado 21 de abril se publicaba en el BOE la resolución de la Dirección General de Tráfico en la que se recogía la clasificación del parque de vehículos propuesta por el Plan Nacional de Calidad del Aire y Protección de la Atmósfera 2013-2016, que señala a las partículas de dióxido de nitrógeno del tráfico rodado como la principal fuente de emisión en las grandes ciudades.

Madrid ha anunciado la prohibición de los coches diésel contaminantes a partir de 2020, con el apoyo de los principales grupos políticos, mientras que Barcelona ha marcado 2018 como fecha límite para que los vehículos diésel más antiguos y contaminantes abandonen sus calles. Ambas son medidas similares a las que ya han comenzado a aplicarse en las más importantes ciudades europeas, como París, que ha anunciado la retirada del diésel en 2020.

Coches híbridos y eléctricos

Las principales marcas de vehículos ya han comenzado a trabajar y lanzar al mercado sus primeras propuestas híbridas y eléctricas. Mercedes ha anunciado que para 2018 tendrá un coche eléctrico de lujo y Nissan ha expuesto las potencialidades de conducir un vehículo fabricado en España con cero emisiones contaminantes, advirtiendo que “el mercado del coche eléctrico será masivo”. Volkswagen, por su parte, ha hecho pública su intención de cambiar su estrategia de negocio, orientándola hacia los coches eléctricos y autónomos. La automovilística alemana estima que uno de cada cuatro de coches que venda en 2025 será eléctrico.

La apuesta por los combustibles poco contaminantes parece apoyada tanto por empresas y fabricantes del sector de automoción, como por instituciones locales, nacionales y supranacionales, así como por las principales ciudades con problemas de contaminación, asociaciones y ONG. E incluso los propios ciudadanos se muestran cada vez más concienciados de que el cambio que se está produciendo en el mercado es necesario.

Este cambio de mentalidad que sugiere la eliminación de los vehículos más contaminantes es debido no solo a la preocupación en cuanto a la polución en las grandes ciudades, sino también por los problemas que genera la movilidad urbana. El diésel ha dejado de ser rentable tanto para los fabricantes como para el usuario final, y los vehículos híbridos y eléctricos aparecen como abanderados de las tecnologías más limpias y menos contaminantes.

Las noticias sobre el impulso del coche eléctrico en ciudad se han convertido en habituales en los medios de comunicación. Mientras Madrid estrena su servicio de carsharing eléctrico con 350 coches de car2go, Valencia estudia la instalación de una red de carga para coches eléctricos. Unas informaciones que pueden terminar de decidir al consumidor final, que todavía se muestra algo reticente a la compra de un coche eléctrico -tanto puros como de autonomía extendida o híbridos enchufables. Los principales motivos de esta reticencia hay que buscarlos en la autonomía de la batería y en el alto precio de inversión.

Según un reciente informe elaborado por Anfac, la venta de coches eléctricos ha crecido un 177,5% en 2015. En el primer semestre de 2016 se vendieron 2.356 unidades en España. Entre enero y junio de 2016 el modelo eléctrico puro más vendido en nuestro país fue el Nissan Leaf, con 327 unidades.

Las alternativas tecnológicas representan actualmente un 2,5% del mercado, una cifra modesta de laque, no obstante, se espera un crecimiento sostenido, más aún ante noticias recientes como la bajada de precio de las baterías para coches eléctricos, la llegada de los primeros carriles de carga inalámbrica para esta tipología de coches (que ya se está probando en Reino Unido), o la intención de prohibir la venta de coches no eléctricos en Alemania a partir de 2030.